April 20, 2010
¡¡Cambio de lugar!! LV · 20/4 · MXL · 8:35pm · Mónaco Bar

El último concierto de Pop As An Island Tour de Lázaro Valiente será finalmente en el Mónaco Bar de la capital de Baja California Norte. Abajo, el flyer, obra de Panco y compañía.

Ese es el último, porque ha surgido un penúltimo que acaba de concluir a pocos kilómetros de Coachella. Ha habido unos espectadores de lujo: D0rian. Habrá fotos.

Saludos a todos desde Palm Springs, valle de Coachella.

April 19, 2010
Tras Coachella, fin del tour: mañana 20, LV en Mexicali, BC

El show de Calle 13 lo cantaron miles de personas. Seiscientas de ellas también lo tocaron, con los mismos instrumentos-juguetes de Lázaro Valiente, previamente repartidos. Gracias René, Eduardo y público.

Pop As An Island Tour echará el cierre mañana miércoles en el Mónaco Bar de Mexicali, Baja California. Lázaro Valiente hará el último cruce de frontera para poner fin a una gira muy mexicana por el sur de EEUU.

April 16, 2010
Lázaro Valiente, hoy con Calle 13 en Coachella

El viaje va camino de su fin. El ritmo está siendo vertiginoso, no hay mejor prueba que la discontinuidad de este diario, que, no obstante, sí está siendo escrito, y aparecerá íntegro en pocos días. Después de actuar en Monterrey, Austin, Monterrey de nuevo, San Antonio, Nueva Orleans, Fort Worth, Marfa, Las Vegas, San Francisco y Los Ángeles, llega Coachella. En apenas cinco horas, Lázaro Valiente sumará todos sus esfuerzos sobre un escenario, esta vez no con su nombre, para que el show de Calle 13 en Coachella sea el más participativo de la historia de los puertorriqueño (sonoramente hablando). La consigna: juguetes sonoros para todos.

Suerte, Lázaro.

April 8, 2010

Viernes, 19/03. El gran buffet de la música en vivo

Crónica de SXSW para la revista IndieRocks del mes de abril, se corresponde con el viernes 19.

“Es muy probable que aquel que llegue a Austin por primera vez en estas fechas tan señaladas de marzo, si no es que tiene una cita, no sepa adónde ir. La cantidad de eventos simultáneos es tal que un ejercicio de planeación es conveniente si no quiere lamentarse después de haber estado tan cerca, y sin saberlo, de aquel mágico concierto.

South by Southwest es como los libros. Hay quien cuando acaba de leer uno, feliz y satisfecho, lo suma a su biblioteca mental; pero hay quien, ávido y ansioso, lo tacha de su lista de imperdibles antes de ir por el siguiente título. Si piensas como el segundo, la batalla está perdida.

Dicho esto, la mejor idea si no te has estudiado las 2,000 bandas del line-up a conciencia, es encaminarte a 6th Street y dejar que lo que acontece despierte tu curiosidad. Si un estímulo es suficiente como para jalarte, ve. Si no, sigue derecho y otro lo será.

A primera vista, y a diferencia del común de festivales, SXSW sucede en las calles del downtown, y en este aspecto recuerda más a una Pamplonada o a un Loveparade. A juzgar por la naturalidad de los visitantes, ya hace mucho que SXSW trascendió lo meramente musical. Así, un hippie ofrece sus servicios de chamán caminando entre la multitud con un cartón en lo alto. Otro tipo que parece Mister T pero vestido de mujer se cruza con, oh sí, ese es Hulk. Cerca de ellos, tres metrosexuales gringos con guitarras y chaleco de mesero y su líder con casaca del ejército surista conceden una entrevista mientras hacen como que pasean. Sí, estos sí son músicos.

No obstante, el reclamo principal es el mismo -mucha música-, y en este punto Austin entero es como una Bourbon Street en pleno Mardi Grass. Aquí, rock, folk, hip-hop o black metal emanan de cualquier rincón y el único ecualizador posible es alejar o acercar tus pasos según lo que más te prenda. Grandes filas que atraviesan la calle apuntan dónde están los mejores clubes con las bandas consagradas, pero todas las puertas y ventanas abiertas regalan música en vivo y, más de una vez, también platillos.

La fiesta también se escapa del centro hacia el sur por ambas aceras de Congress Street. Pero es en la 6th y alrededores donde se reúne el mayor número de escenarios por metro cuadrado del mundo. Allí, todo está a rebosar. Muchas bandas llevan meses con marzo bien marcado en el calendario con el firme propósito de llegar a Austin. Hay incluso quien no requiere de escenario oficial, o ni siquiera de no oficial. Lázaro Valiente (aunque sí formaba parte de un festival paralelo) es uno de cientos, pero dado que tengo el privilegio de acompañarlo, viví su caso y es de quien mejor puedo hablar. Abrió la cajuela y la concha de su camioneta y sacó todo. (Todo incluye desde la guitarra y el ampli hasta una secadora de pelo, una tetera, una botella de agua o una loopeadora.) Un compañero confeccionó un rudimentario cartel que rezaba “Improv Zone” y lo plantó sobre la banqueta en la 7th y Red River. En menos de cinco minutos, la habitual orquesta unipersonal de Lázaro tenía veinte miembros, desde bajistas greñudos tatuados hasta niñas bien, haciendo sonar unas maracas o unas campanas tubulares. Un clic de cámara y tuve mi mejor postal de SXSW 2010.

Improv Zone at SXSW (lázaro valiente) from Juan Caloca on Vimeo.

Pero después de veinticuatro años del primer SWSW no todo es caos ni Do It Yourself en Austin. La sección oficial se ha diversificado y especializado de lo lindo. Actualmente se divide en Music, Interactive y Film. El primero sigue siendo su bandera, con más de 2,000 conciertos dados este año (Muse, Stone Temple Pilots, Kashmir, Snoop Dogg, Hole… cómo hacer justicia con tantos por nombrar) en cerca de 80 escenarios desparramados por la ciudad. Además, 166 conferenciantes se dieron cita junto a sellos, promotores y delegaciones nacionales en el Austin Convention Center, entre ellos leyendas de los escenarios como Lemmy Kilmister (Motörhead) o Suzanne Vega, productores como Hugh Padgham o inventores como Daniel Ek (co-creador de la última plataforma P2P, Spotify), por citar algunos de la presente edición.

La ciudad se llena de artistas, profesionales del sector y de visitantes, muchos de ellos inscritos pese a lo elevado de los precios (750 USD sólo para poder asistir a los eventos oficiales de música). Sin embargo, los roles se solapan en una cita en la que lo más importante es estar presente de una u otra forma. Así, los músicos dan shows, pero también les toca hacer gestiones y escuchar lo que otros hacen; los profesionales se escuchan y escuchan a las bandas; y el público, está visto, también se anima a tocar.

Ya lo sabes. Si planeas ir el año próximo, además de ahorrar, no dejes de prepararlo un rato antes. Si no, SXSW es todo un evento en sí mismo. Siempre queda la de ir de botella, couchsurfing y los shows gratuitos.”

Además, hay que añadir que volviendo de Austin a Monterrey tenemos una emotiva charla con una madre que perdió recientemente un hijo músico; que, entrada la noche, nos invita a cenar una eminente autoridad de Laredo, Texas; que, pasada la medianoche, atravesamos el tenebroso puente internacional nº1 a Nuevo Laredo, no sin sobresaltos, ya que un par de falsos agentes nos corretean a ver si nos convencen para que nos detengamos, y poco más adelante nos detiene una patrulla por un falso exceso de velocidad. La presencia de Lázaro (perro) y un par de discos de Mau distienden el ambiente y los ponen de nuestro lado. Los agentes nos dejan ir en paz.

April 8, 2010
Viernes, 19/03. El gran buffet de la música en vivo

Crónica de SXSW para la revista IndieRocks del mes de abril, se corresponde con el viernes 19.

“Es muy probable que aquel que llegue a Austin por primera vez en estas fechas tan señaladas de marzo, si no es que tiene una cita, no sepa adónde ir. La cantidad de eventos simultáneos es tal que un ejercicio de planeación es conveniente si no quiere lamentarse después de haber estado tan cerca, y sin saberlo, de aquel mágico concierto.

South by Southwest es como los libros. Hay quien cuando acaba de leer uno, feliz y satisfecho, lo suma a su biblioteca mental; pero hay quien, ávido y ansioso, lo tacha de su lista de imperdibles antes de ir por el siguiente título. Si piensas como el segundo, la batalla está perdida.

Dicho esto, la mejor idea si no te has estudiado las 2,000 bandas del line-up a conciencia, es encaminarte a 6th Street y dejar que lo que acontece despierte tu curiosidad. Si un estímulo es suficiente como para jalarte, ve. Si no, sigue derecho y otro lo será.

A primera vista, y a diferencia del común de festivales, SXSW sucede en las calles del downtown, y en este aspecto recuerda más a una Pamplonada o a un Loveparade. A juzgar por la naturalidad de los visitantes, ya hace mucho que SXSW trascendió lo meramente musical. Así, un hippie ofrece sus servicios de chamán caminando entre la multitud con un cartón en lo alto. Otro tipo que parece Mister T pero vestido de mujer se cruza con, oh sí, ese es Hulk. Cerca de ellos, tres metrosexuales gringos con guitarras y chaleco de mesero y su líder con casaca del ejército surista conceden una entrevista mientras hacen como que pasean. Sí, estos sí son músicos.

No obstante, el reclamo principal es el mismo -mucha música-, y en este punto Austin entero es como una Bourbon Street en pleno Mardi Grass. Aquí, rock, folk, hip-hop o black metal emanan de cualquier rincón y el único ecualizador posible es alejar o acercar tus pasos según lo que más te prenda. Grandes filas que atraviesan la calle apuntan dónde están los mejores clubes con las bandas consagradas, pero todas las puertas y ventanas abiertas regalan música en vivo y, más de una vez, también platillos.

La fiesta también se escapa del centro hacia el sur por ambas aceras de Congress Street. Pero es en la 6th y alrededores donde se reúne el mayor número de escenarios por metro cuadrado del mundo. Allí, todo está a rebosar. Muchas bandas llevan meses con marzo bien marcado en el calendario con el firme propósito de llegar a Austin. Hay incluso quien no requiere de escenario oficial, o ni siquiera de no oficial. Lázaro Valiente (aunque sí formaba parte de un festival paralelo) es uno de cientos, pero dado que tengo el privilegio de acompañarlo, viví su caso y es de quien mejor puedo hablar. Abrió la cajuela y la concha de su camioneta y sacó todo. (Todo incluye desde la guitarra y el ampli hasta una secadora de pelo, una tetera, una botella de agua o una loopeadora.) Un compañero confeccionó un rudimentario cartel que rezaba “Improv Zone” y lo plantó sobre la banqueta en la 7th y Red River. En menos de cinco minutos, la habitual orquesta unipersonal de Lázaro tenía veinte miembros, desde bajistas greñudos tatuados hasta niñas bien, haciendo sonar unas maracas o unas campanas tubulares. Un clic de cámara y tuve mi mejor postal de SXSW 2010.

Improv Zone at SXSW (lázaro valiente) from Juan Caloca on Vimeo.

Pero después de veinticuatro años del primer SWSW no todo es caos ni Do It Yourself en Austin. La sección oficial se ha diversificado y especializado de lo lindo. Actualmente se divide en Music, Interactive y Film. El primero sigue siendo su bandera, con más de 2,000 conciertos dados este año (Muse, Stone Temple Pilots, Kashmir, Snoop Dogg, Hole… cómo hacer justicia con tantos por nombrar) en cerca de 80 escenarios desparramados por la ciudad. Además, 166 conferenciantes se dieron cita junto a sellos, promotores y delegaciones nacionales en el Austin Convention Center, entre ellos leyendas de los escenarios como Lemmy Kilmister (Motörhead) o Suzanne Vega, productores como Hugh Padgham o inventores como Daniel Ek (co-creador de la última plataforma P2P, Spotify), por citar algunos de la presente edición.

La ciudad se llena de artistas, profesionales del sector y de visitantes, muchos de ellos inscritos pese a lo elevado de los precios (750 USD sólo para poder asistir a los eventos oficiales de música). Sin embargo, los roles se solapan en una cita en la que lo más importante es estar presente de una u otra forma. Así, los músicos dan shows, pero también les toca hacer gestiones y escuchar lo que otros hacen; los profesionales se escuchan y escuchan a las bandas; y el público, está visto, también se anima a tocar.

Ya lo sabes. Si planeas ir el año próximo, además de ahorrar, no dejes de prepararlo un rato antes. Si no, SXSW es todo un evento en sí mismo. Siempre queda la de ir de botella, couchsurfing y los shows gratuitos.”

Además, hay que añadir que volviendo de Austin a Monterrey tenemos una emotiva charla con una madre que perdió recientemente un hijo músico; que, entrada la noche, nos invita a cenar una eminente autoridad de Laredo, Texas; que, pasada la medianoche, atravesamos el tenebroso puente internacional nº1 a Nuevo Laredo, no sin sobresaltos, ya que un par de falsos agentes nos corretean a ver si nos convencen para que nos detengamos, y poco más adelante nos detiene una patrulla por un falso exceso de velocidad. La presencia de Lázaro (perro) y un par de discos de Mau distienden el ambiente y los ponen de nuestro lado. Los agentes nos dejan ir en paz.

April 1, 2010
Viernes, 26/03. Concierto estelar en ‘1906’, la galería-dormitorio en San Antonio

Andy nos ha dejado dormir hasta las 11am. A esa hora nos preparamos y nos dirigimos al almacén, donde guarda cinco tesoros de dos ruedas, justo uno para cada uno. Dos Schwinn y una Trek de época, nada de copias, relucen con su pintura metalizada y sus ruedas gordas. Sólo hay una Schwinn réplica, y completa la quinta una Raleigh vieja de carreras que tampoco me importaría nada que fuera mía. Así, ensillamos todos y trazamos varias calles del barrio, hasta llegar al Maria’s Café. María, también de origen latino, regenta un diner atiborrado de carteles, letreros gigantes de gasolinera y muñecos viejos entre cientos de platillos de comidas tex-mex. O sea, un Barracuda de verdad.

A la vuelta, Andy nos enseña las entrañas de su almacén, sus talleres para los jóvenes artistas y la otra galería, así como la entrada y la sala de lo que ha convertido en su casa. Conocemos a Yvette, su mujer, y a Agusto, el pequeño de tres años. Por todos lados cuelgan instalaciones, pinturas y composiciones de todo tipo. Agusto crece inmerso en un mundo repleto de arte moderno y de ruidosos trenes. Salvo por los bocinazos constantes, menudo paraíso. Pero yo estoy seguro de que a todo se hace uno. De mayor sabrá apreciar dónde creció.

Debo enviar mañana un resumen de SXSW (la crónica del viernes) y del MtyMx a una revista. Juan y Borja buscan un WallMart para comprar algunos artilugios y Mau se dedica a preparar su show y a hacer prensa. A partir de ese momento, yo me enclaustro en la oficina de Andy, que me la presta para aislarme del ruido de los preparativos para la noche, incluido un escenario. Será una fiesta grande que abarque dos manzanas.

Cuando por salgo a la calle me encuentro a cientos de personas. Enseguida llega Mau con los trajes de astronauta. Está en desventaja y hay que captar la atención de la gente. En cinco minutos nos vestimos los buzos y escribimos cincuenta post-its con el nombre, fecha y sala del concierto. Tomamos las bicis y comenzamos a serpentear entre los asistentes al show del escenario principal. De vez en cuando repartimos post-its, todo sin decir una palabra. Pasamos también por los otros escenarios y, cuando volvemos, nos tienta el principal. Sin pensarlo dos veces, los cuatro nos plantamos a los lados del presentador, que sin mermar su animosa voz anuncia el show de Lázaro. Hemos empezado a venderlo como “orquesta unipersonal de treinta instrumentos”. Ante un público que jamás ha oído hablar de LV, parece que así tiene más tirón.

Mau está a punto de empezar. Sesenta personas abarrotan la galería. Cuando suenan las primeras notas, comienzan los primeros aplausos y gritos, de esos que sólo hacen en EEUU, como cuando un piloto aterriza exitosamente. Yo siempre pensé que lo hacían lo que no saben silbar. Ahora, no me importan. El presentador de fuera y la cerveza Blue Moon, que es gratuita, tienen su parte de culpa. La audiencia está prendida con Lázaro.

No voy a hacer otra crónica del concierto. Pero esta vez las estrellas son los dos nexteles que Mau hace interferir. La canción que acompaña a ese momento se gana a todos. Es una de los mejores actuaciones de Mau y eso se nota en los discos. Es como que todo se ha sumado para construir un concierto muy especial, entre cuadros de -ahora lo vemos- $25,000 y en el mismo suelo donde hemos dormido. La gente está anonadada y lo expresa en los dos idiomas. A mi lado, un hombre mayor se gira y a mi oído, dedica a Mau un comentario superlativo, como todo lo que hay en Texas, pero muy sincero: “This is the most amazing show I have ever seen”. Otro joven, al verme con los discos: “Te digo algo: me ha alegrado la noche”. Por correo, aún llegará otro que no tiene par: “I’m 33, with wife and 4 children. Thank you for making me feel that this is not the end of the world”. No serán mentira: hemos vendido ¡trece discos!

Nos morimos de hambre. Ya hemos hecho migas con los chicos del estudio de Andy, y decidimos que nos lleven a una taquería, lo único abierto a estas horas. Somos ocho en ocho bicis, pedaleando en paralelo a las vías del tren a las dos de la mañana de un barrio muy tranquilo  de San Antonio. ¿Cuánto hacía que no compartía una bici con amigos? Tan sencillo momento, tan mágico. Cruzamos pasos a nivel y puentes y subimos terraplenes con las bicis en la mano. Mau viene aún metido en el concierto. Toca y agarra todo lo que encuentra para sacarle algún sonido. Lo mismo con el túnel del río abajo del talud.

En la taquería Guadalajara, disfrutamos de unas tortas y tacos llenadores y de aguas de horchata gigantes. No es broma: como dicen, todo en Texas es más grande. Mientras, el canal latino que tienen sintonizado muestra en un programa de chismes todo el desmadre que causaron René y Eduardo en Miami. Al parecer, René se quitó demasiada ropa sobre el escenario, y eso que el asunto venía calentito tras el controvertido concierto de Miami. Esperemos que a Lázaro Valiente no le repercuta, pues esta nuestra gira termina en Coachella con ellos.

En el camino de ida nos habíamos topado con la misión Concepción, el origen de San Antonio, fundada por los franciscanos. Mientras todos aceleran su regreso, yo me despido. Quiero verla con calma. Está iluminada y reina una paz absoluta alrededor, invita a la reflexión y a estar con uno.

En un país tantas veces ninguneado porque adolece de historia, las misiones son sus reliquias más preciadas. Esta se mantiene muy bien conservada, y rodeada de un amplio prado como está, lejos de las casas que lo circundan, resulta muy fácil imaginarse cómo fueron antaño todas sus dependencias, granja, huertos y depósitos.

El único ruido que escucho es el de las piedritas que rechinan al paso de mis ruedas. Regreso a dormir tranquilamente, dándome tiempo para que me alcance el tren que resuena en el horizonte. Cuando me emparejo a la vía, lo observo desde un paso a nivel y recuerdo algo que escribí ayer.

Del otro lado de la pared, la nave da a la vía del tren. Un bramido largo hiende la noche y hace bajar las barreras. En pocos segundos, sin piedad, dos locomotoras Union Pacific parten la negrura. Durante dos minutos sólo saco fotos. No se puede ni hablar, no hay quien oiga.

Al cabo del tren, Carlos me cuenta algo. “Ahora que estamos en guerra es frecuente ver trenes militares. Van llenos de tanques que fabrican en Houston. Derechitos para Afganistán. Es como ver un expositor de armas, uno se aprende el inventario. Pero también piensa en lo malo. Van a hacer una guerra. Por eso sólo pasan de noche.”

April 1, 2010
Jueves, 25/03. San Antonio despierta los sentidos

Pasamos la mañana poniéndonos al día en casa de Roberto, agendando los eventos de Nueva Orleans a intentando captar gente para los eventos de hoy. De pronto, Mau canta victoria.  Entre ayer y hoy, ha mandado un correo a muchos medios con enlaces a algunos videos. Mañana hay un evento organizado por el San Antonio Current -uno de los diarios locales- la cerveza Blue Moon y una galería de arte llamada 1906. MoSAic lo llaman. De 1906, de parte de un tal Andy, contestan que les encanta la idea de meter a Lázaro Valiente entre las cuatro bandas que tocarán.

Steve, el obeso dueño de la iglesia, nos prepara unas deliciosas hamburguesas al carbón y unas cervezas Sierra Nevada, un delicioso manjar que viene en botella verde. Recuerdo que la primera la tomé hace unos años en una playita desierta en mitad de  Baja California bajo una noche estrellada en Navidad, donde me invitaron unos tijuanenses. Son pequeños detalles que le alegran a uno. Así, viajar tiene otro punto favorable, y es que puede hacer que vayas a los sitios pero nunca termines de regresar de ellos.

Casbeers está envuelto en una luz rojiza, salpicado por una paleta de colores que provienen de las vidrieras del altar y los laterales. Los bancos son curvos y forman un semicírculo a ambos lados del pasillo. El público son un abuelo de sombrero de cowboy con su nieto sentados en la última fila; el técnico de sonido, Steve y la banda que toca después observan curiosos desde la entrada mientras Mau despliega sus cachivaches. El lugar parece enorme, pero es tan maravilloso que ni al mismo Mau parece importarle tocar ante un auditorio vacío. “Hagamos un video”, le dice entusiasmado a Borja, mientras convenimos que todos nos enfundarnos nuestros trajes espaciales blancos. Juan proyectará diapositivas junto al órgano sobre la puerta. Dicho y hecho.

Un lugar tan especial y un público tan confundido y escaso le han dado a Mau la confianza para hacer un show muy personal. Experimenta como nunca antes en vivo, se suelta, se desinhibe y pare un concierto más ruidoso que de costumbre, muy rockero y lleno de sonidos siderales, pero le imprime un ritmo tan progresivo y siempre armónico que me hace imaginar una musicalización muy actual de Metrópolis. Las pocas caras presentes son un poema. El niño, maravillado por la sonoridad de los juguetes y la tormenta sonora en que están inmersos, no hace sino preguntar al abuelo. Pero este permanece más boquiabierto aún que él. Al final, sonríe.

Mau cierra la puerta de la camioneta y salimos raudos hacia el Guadalupe. Resulta que a Steve le ha gustado tanto el concierto que le ha dado a Mau cincuenta dólares. Y la comida. Mau está radiante. Casi no ha usado su voz, así que todo apunta a un concierto muy bueno en el teatro del centro cultural, el centro al parecer de un barrio de inmigrantes muy exitoso y floreciente. La arquitectura del lugar, si bien es muy reciente, quiere recordar con sus formas a los pueblitos de la época en que México y EEUU aún dirimían sus fronteras.

Ha habido una charla acerca de las máscaras. Los ponentes: una activista feminista, un destilador de licores y un cirujano plástico. Al término, llega Lázaro Valiente para alcanzar a los rezagados y sumergirles en otra tercera realidad. El teatro es magnífico, muy amplio, con dos balconcitos incluso, siguiendo la tónica de pueblito texano de antaño. Esta vez hay unas diez personas. Ahora es Borja quien se explaya con los visuales, pues tiene toda la infraestructura y a Joe a su disposición, y Juan prueba con los presentes su show de espejos. Se apagan las luces, pero la música sigue. Diez espejitos de mano interceptan la luz del proyector y la envían al escenario, conformando una imagen de microscopio que se mueve al son de las canciones, que suenan ahora más acristaladas. Los pequeños círculos se relacionan o ignoran entre sí como si de protozoos se tratara. Pero si la imaginación va más allá, y de eso se trata, son hormigas en su hormiguero, perros husmeándose, niños que se acaban de conocer en un cajón de arena, o un baile de salón o incluso amantes recién unidos.

Logramos vender algunos discos, y no solo eso, sino que tres de las presentes aceptan ir a tomar unas cervezas. Andy, el promotor de arte que nos va a alojar esta noche, nos cita en  Mi Tierra, y allí nos vamos todos. Se trata de un gran restaurante mexicano, un cásico, dicen,  con aspecto de Sanborns gigante que abre veinticuatro horas e ininterrumpidamente desde hace varias décadas. Sus paredes lo atestiguan, llenas de calaveritas y altarcitos, recuerdos en blanco y negro y fotos de famosos famosísimos que desfilaron por allí. Aprovechamos para cenar, y mientras lo hacemos surge una de esas pláticas mágicas y multiculturales que resultan impagables. Andy Benavides, enjuto, sencillo y de sonrisa permanente, es algo así como un artista y al mismo tiempo un mecenas del arte en San Antonio. “Una leyenda”, aseguraban por correo desde el San Antonio Current. Su amigo Carlos, un grandote de barba cana con un pañuelo rojo en la cabeza, es su Sancho particular, el amigo fiel desde la infancia que cambió el arte y su bicicleta por la vida familiar, pero continúa ayudando muy de cerca a Andy. En el argot ciclista, precisamente, sería un gregario de lujo. Y no cualquiera vale para ello. Así es que no entiendan Sancho en el sentido mexicano del mismo, sino en el meramente cervantino, pues Carlos tiene, además de la gran admiración por su amigo, una claridad mental envidiable. Verán después.

Del otro lado de la mesa, Amanda, pecosa, de cortos bucles y de graciosa nariz respingona, nos ilumina con su delicada Moleskine, una joya de sketchbook con ilustraciones tan honestas como virtuosas de su cotidiano San Antonio. Creo que a raíz de la libreta, entre ella y Andy ha surgido algo, algo parecido al síndrome de Stendahl. O eso, o es que es muy expresivo. Seguramente él busca talentos que apoyar y el de Amanda no es para menos. ¿Qué puedes pedirle a una libreta que una descripción tan artística de su dueña? La mesa la completan dos hermanas de Carolina del Norte que la acompañan. (También deben de tener su historia, porque son ex militares. Me costaría entender lo que pasa por una mente para dedicarse al ejército, pero sería menos sorprendente si una de ellas no pasara por cantante de gospel y la otra por bailarina de ballet.)

En un punto de la noche, Juan saca sus papeles y nos invita a todos a hacer el dibujo del día. Esta catártica costumbre que ha adoptado durante el viaje hace que fluyan sobre la mesa frases que no debería dejar perderse en el recuerdo. “Es el proceso y la experiencia lo que al final prima sobre el arte, el disfrute, la puesta en práctica.” “Cuando me detengo a hablar con ciertas personas de la calle hay quien no comprende y cree que uno está mal. Simplemente es que no quiero dejar de conocer, de compartir charlas con las personas que la vida me pone delante.” “Hay gente que no se da tiempo de vivir la vida, que pasa por delante de sus caras”. “Esas personas no se dan el tiempo para oler las flores”.

A las 3am se apagan las luces. Apenas queda la de las farolas de la calle, difuminada por el muro de cristales que conforma el fondo de la galería de arte en la casa-estudio de Andy. Desde el puñado de cojines sobre el que dormimos, en la penumbra, se entrevén a nuestro alrededor los enormes cuadros de Courtney Reid, pintora angelina. Por un momento hay silencio. Pero a cada rato un cuerno suena en la lejanía, como si anunciara batalla, y entonces comienza un tintineo como de cucharillas de postre. Posteriormente un sonido sordo se aproxima como si se tratara de hordas de caballos armados, progresivamente, hasta que el murmullo se vuelve estruendo y el suelo tiembla. Es como si pasaran sobre nosotros. Entonces es hora de cerrar los ojos y de esperar que amaine. Fuera, a menos de diez metros de nosotros se alejan veloces un par locomotoras de la Southern Pacific, de la Union Pacific o la Burnington Nothern Santa Fe, con una cola de cien vagones.

March 31, 2010
Miércoles, 24/03. Reencuentro en San Antonio

Estamos en mitad del campo texano rodeados de trigales aún verdes. El cielo es hoy una pantalla blanca que desprende una llovizna cálida. A lo largo del horizonte se desparraman unas nubes que parecen de cuadro de Ruysdäel, avanzan como si fuera el humo de una hoguera que se lo lleva el viento. Bajo ellas se ve discurrir la autopista y no muy lejos debe de hacerlo el tren. Leo en el motel que el nombre del lugar, “Pearsall”, viene de un responsable de la compañía que trazó la vía férrea en 1880.

Elegimos para desayunar una taquería de nombre Jalisco, allí donde se amontonan un puñado de casas. Es lo más barato, pero al mismo tiempo, lo menos producido en la tierra de las burguers y las papas fritas. El sabor, no lo reconocemos ni dejamos de reconocerlo. Sólo en parte se parece a México, pero todo está buenísimo. Me impresiona la nación chicana. Hablan un castellano desarraigado. No me atrevería a decir que son más mexicanos que gringos, pero tampoco al revés. Parecen entender mejor que nadie lo de ser de allá y de acá. Es algo que aprecia el viajero, y aunque por motivos muy diferentes, se reconoce en su condición. Estos en particular viven expuestos al flujo de personas que genera la autopista, cada uno con una historia. Parece ser su destino.

Después de media hora de carretera llegamos a San Antonio. Tomamos una de las salidas y en pocas cuadras llegamos a Casbeers café & music, una iglesia metodista de 1912 convertida en lugar de conciertos. Le van a hacer un sitio a Mau para que toque mañana, aunque será a media tarde, pues después hay otro show. Es una hora horrible pero de esta forma, más tarde, podrá tocar en el Teatro Guadalupe, que también ha accedido.

Entre los dos lugares hay apenas diez cuadras, así que los visitamos en poco tiempo. Una vez presentado Mau y estudiadas las posibilidades de cada lugar, cruzamos la ciudad buscando la casa de Roberto, un amigo mexicano de los hermanos de Mau, de cuando vivió aquí.

Robo, su esposa estadounidense y sus perros nos abren sus puertas. Aquí, Lázaro dará un conciertito petit-comité hoy y nos darán cobijo por esta noche, por lo que podemos descansar un rato. En poco tiempo llegan a la casa tres parejas gringas de amigos de Robo.  A alguno muy gringo se le viene abajo la idea que tenía de Europa al indagar sobre España y hacerles Borja y yo saber que no, no tenemos un gobierno comunista. No es tan grave, al fin y al cabo, España casi no entró ni en el G20… (!)

Mau comienza el show. Entre la pequeña audiencia, el espectáculo de las caras es parejo al que Lázaro está dando. Al final, nada mal: mucho aplausos y cinco discos vendidos, alguno con propina incluida. Al menos dará para gasolina hasta Houston y para un tentempié.

Robo y sus amigos se han portado de maravilla. Tenemos hasta cena y desayuno para mañana y obviamente internet va genial. Borja, Juan y Mau trabajan en sus cosas antes de echarse a dormir. Estamos todos cansados. Yo también, pero entre una cosa y otra me dan las 7am. Cuando me acuesto, Mau me releva en la guardia.

March 31, 2010
Martes 23/03. Últimos flecos y salida hacia San Antonio

Que si reunión con un productor, que si a Hacienda con el RFC, que si a ingresar dinero y cambiar dólares, que si a lograr alojamiento en Austin. Nos hemos repartido tareas y juntado luego en el Todosantos, el buddah-bar donde ya tenemos por costumbre desayunar y trabajar en línea.

A eso de las 4pm nos despedimos de Wen, que en pocas horas saldrá hacia el DF, y arrancamos buscando la salida hacia Laredo. De nuevo en marcha. Reina el buen humor. Mau responde a una entrevista para un magazine desde su sillón de copiloto. Última parada. Repostaje, colirio para Lázaro, Broncolín para la garganta de Mau y una copia a las llaves de la camioneta para evitar que suceda lo de Austin. De paso, Juan pega con cinta un avioncito de juguete en el frente del capó, como si en vez de en un Jeep fuéramos en un Boeing. Es para llegar más lejos. ¿Durará? A meterle carretera.

Somos cuatro y un perro y hace mucho calor. Cada cierto tiempo, bajamos las cuatro ventanillas para renovar el aire. Lo hemos bautizado como ‘piscina’, pues es un inmersión en toda regla. Ahora hay que gritar más. Pero la flauta de Ian Anderson es más poderosa que nada, se superpone a todo. Jethro Tull suena fuerte a bordo, es la música que mejor le queda a este momento. La banda de Ian es algo especial para Mau y para mí. Ambos vimos a Anderson y lo que queda de su banda unida a una orquesta, en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, el 20 de abril de 2005. No nos conocíamos. Un día de 2008, ya viviendo juntos, Mau se me queda mirando la camiseta que yo compré aquel día. “¿Me vas a decir que estuviste en ese concierto?” Y así es que lo supimos. Vivimos un año en Buenos Aires, al mismo tiempo, y estuvimos a pocos metros el uno del otro. A ambos esa fecha nos marcó, y nos marcaría más después.

Poco antes de la desviación entre los tres puentes fronterizos, ya de noche, nos hemos detenido en una casa-tienda de abarrotes. Pedir unas quesadillas se ha convertido en la contraposición de dos mundos que apenas si comparten fecha. La familia de Goyo vive a caballo de la frontera. Incluso el hijo mayor, también Goyo, nació del otro lado. Pero no por eso dejan de vivir junto a sus animales, de compartir su cocina ni de vender sabritas y cocas. Mau les regala un disco suyo. Lo escuchan en silencio absoluto mientras nosotros comemos. Luego sonríen.

Hemos pasado la frontera en menos de tres minutos y sin bajar del carro. Nadie lo diría con nuestro aspecto, ocupando una camioneta vieja de cristales tintados con una concha para equipaje encima. Pero llevar un perro y ser músico parecen las mejores maneras de tratar con los agentes de aduanas y los policías.

March 31, 2010
Lunes 22/03. LV con Jóvenes y Sexys.

Hemos dormido en una sola habitación algunos más de los debidos. En verdad, récord de récords, pero de esto es mejor no hablar en público.

Hoy terminaba el MtyMx. Mau tenía la intención de armar un concierto improvisado en el túnel de ayer. Elvis debía volverse al DF. Wendy y yo estábamos cansados y con ganas de pasear y llevarla leve. Así que nos hemos dividido. El grueso de nosotros ha subido al autocinema. Se han llevado una sorpresa, y es que el túnel por fin había llamado la atención de los organizadores y lo habían cerrado, pero no porque hayan visto a alguien colándose, sino porque debieron de asaltar a alguien del otro lado. Pero Mau no se iba a ir de vacío. Al final, la invitación de Ezequiel, de los venezolanos Jóvenes y Sexys, para subirse al escenario se concreta  en un concierto completo acompañando a la banda.

Por nuestra parte, Wen y yo paseamos, llevamos ropa a la lavandería y cenamos en el centro de la ciudad. De pronto, mientras esperamos el plato, Wen sale corriendo a la tienda de enfrente. Es una tienda de animales. La veo parada frente al vidrio, sin saber qué hacer. Dentro hay un pony pastando en un espacio no demasiado grande. “Qué poca vergüenza para meter ahí al pobre animal”, pienso. Wen debe de estar que se sube por las paredes. Se da media vuelta y se acerca, rauda, emocionada y tapándose la boca con una mano: “¿¿Acaso los ponys existen??” Esta chica no deja de asombrarme. Me pregunto si es cultural, si aquí los circos, las ferias no tienen ponys. “Yo tenía unos de juguete, pero es como si me dices que los unicornios existen”, prosigue. No, Wen, no existen. :)

March 30, 2010
Domingo, 21/03. LV, grupo de intervenciones.

Debemos darnos más tiempo para leer. Mau, Elvis, Wendy y yo hemos venido al café-terraza que descubrimos el otro día a pocas cuadras del hotel, hemos comido en platos de barro, entre plantas y, por fin, hemos disfrutado del sol y de unos libros. A intervalos platicábamos acerca de la cotorra enjaulada al lado, de los libros, de las mujeres artistas a la sombra de sus maridos artistas. Excepto por el festival, Wen dice que no ha salido aún del Barrio Antiguo. A Monterrey no le ve el lado gringo, el lado rico, ni afortunadamente el lado peligroso; y sólo ve empedrado, ventanas enrejadas y montañas al fondo. Jura que está en San Cristóbal de las Casas. Qué envidia. No sé si es la paz que da un día de descanso o la paz que emana de una mujer.

Llegan Juan y Borja, que estaban aún durmiendo. Decidimos subir al festival, excepto Juan, que se queda a organizar su clase de mañana. Para que le dejaran ausentarse de su escuela, presentó un proyecto para el viaje: ideó lo que llamó “Memorias de un mal estudiante” y nos pidió que le diéramos quince minutos diarios. Cada noche, todos al mismo tiempo, debemos dibujar algo concreto que aluda a algún suceso acontecido durante el día. Además, todos los lunes, Juan debe impartir una clase de Historia del Arte a los que pasen por el lugar donde él se encuentre.

Desde el momento en que entramos en el recinto comienzan a verse restos del concierto de LV. Hay quien se llevó su juguetito. Sin duda, desdibujar los roles fue una gran idea, una ocurrencia de lo más democrático.

Cae la tarde al ritmo de las primeras cervezas y mezcales. Elvis y Wendy han traído del DF seis buzos blancos de los que usa Lázaro en algunos directos. Nos los enfundamos y automáticamente nos convertimos en astronautas, artificieros o forenses, según la imaginación de cada uno. Yo me quedo con los primeros.

Entonces –quizás muy metidos en el papel- nos acercamos a explorar el túnel, un tubo de desagüe que intercomunica los dos lados de una vía rápida que rodea el predio. Su fin es recoger las aguas que confluyen al pie de la ladera, pero ayer tenía tráfico. A buen seguro ha servido de entrada a más de un polizón. Al cruzarlo, Mau se da cuenta de sus posibilidades sonoras y empieza a hacer conjeturas. Ya sabe dónde intentará su próximo concierto.

Del otro lado del túnel estamos casi en plena naturaleza. Al parecer, salimos uno más de los que en principio entramos. Mau anuncia que es un reportero del New York Times y que va a entrevistarlo. Bien por Lázaro.

En la zona de acampada, visitamos a See Wan y Taureen, los compañeros de piso de Mau, que se han venido de mochilazo desde el DF. Hay quien está criticando el festival, pero ellos están felices. A pesar del frío, de los incómodos baños, de los retrasos de las bandas, de todos los fallos propios de un festival transfronterizo que nunca se había hecho antes y del clima de tensión que ha hecho –según muchos- que demasiada gente tema venir a eventos multitudinarios.

Wendy me toma de la mano y echamos a correr. Ha encontrado una caja grande de cartón en la cual hay algunas tiendas de campaña de color caqui, igual que otras que llevan desplegadas desde ayer. Envuelta en risas, me mete adentro y hace lo propio. (Desde luego, este traje es mágico, qué cosas hace uno cuando se lo pone.) En un momento nos quedamos tendidos, mirando al cielo, descansando. Hasta que escuchamos una voz: “¡Ey, vamos a meternos aquí!”. Inmediatamente, emergemos cual piñata muertos de la risa, envueltos en nuestros buzos blancos al grito de “¡Para ustedes, que la disfruten”. Detrás de mí se vuelve a escuchar la voz. “Es lo más bizarro que me ha pasado en el día”.

La siguiente es colectiva. Del escenario proviene un ruidero que prende a muchos, al parecer está teniendo éxito. Lo preside la voz gutural del cantante de Los Margaritos. “Yo quiero oírlos, son muy buenos”, oigo a mi lado. Emocionados unos, contagiados otros, nos juntamos y contamos hasta tres. Todos a una, casi en bola, echamos a correr hacia el gentío para meternos al slam. Bailamos, por decir algo, hasta el final de la canción. Cuando acaba, salimos extenuados adonde ya no hay gente. Jadeantes, aún entre risas, comenzamos a rodear a algunos de los que escuchan desde la periferia. Estos, desprevenidos, sorprendidos in fraganti, reaccionan como pueden.

Pero antes de poder recuperarnos alguien propone algo mejor: hay que rodear al cantante. El momento de duda dura demasiado poco. El acceso al escenario está libre y en menos de medio minuto, la columna de cinco astronautas irrumpe en el escenario y cual indios que bailan en la hoguera, encerramos al cantante en pleno berrido. Por los silbidos y las risas que se escuchan, la reacción del público parece más bien positiva. La sorpresa también se nota en el tono del vocalista, pero decide continuar. Por mi parte, mientras cuido de no pisar ningún cable –sería el acabose- me siento como un teletubbie en un concierto de Pantera.

Cuánta adrenalina. En cuanto bajamos, dos fotógrafos se acercan a nosotros pidiéndonos que nos formemos. Algunos del público nos felicitan. Otros, seguramente, nunca lo harían. Pero todo forma parte del show de Lázaro, es parte del concepto de hacer a todos parte del espectáculo, desmitificarlo, demoscratizarlo. Alguien opina a mi lado. “Yo contrataría a un grupo para que animara mi festival”. A buen seguro alguien nos tomó por uno.

(Martin Tulin, de Los Fancy Free, en el segundo día del MtyMx)

Por último rodeamos a un chico peculiar. Tiene el peinado más afro de todo el lugar. Lo sentamos en una silla y, agarrando las patas, le damos un viaje interplanetario a través de todo el predio, hasta la tienda de indio apache donde la artista Roxxy Love, buena amiga y artista laredense, vende sus dibujos. Nuestro Ziggy Stardust resulta ser el chico del dúo venezolano Jóvenes y Sexys. Entusiasmado por el viaje, y habiendo visto a Lázaro, decide invitarlo a participar en su show de mañana.

Ha sido un gran día para LV. A eso de la 1am llegamos al hotel. Lo que sucede en el hotel se queda en el hotel.

Ya no sólo son los juguetes, sino las opiniones del público, directas o por mensajes en su Myspace. “Tu show estuvo cn madre”. Además, entre ayer y hoy, son varias las bandas en que alguno de sus miembros se ha acercado a felicitar a Mau.

March 30, 2010
Sábado 20/03. De vuelta a Monterrey. Prisas para tocar en MtyMx

(El viernes 19/03 lo mostraremos en unos días, pues es una crónica de nuestra visión del SXSW de Austin que saldrá publicada en la revista lndieRocks de abril).

Despertamos a eso del mediodía. Elvis y Wendy están llegando en autobús desde el DF para el festival, recibimos un mensaje y vamos por ellas. Besos y abrezos. Justo enfrente de la estación están las tiendas de música. Compramos cables y baquetas –Mau rompió las suyas- y afinamos la guitarra. Mientras, en una refaccionaria, yo pego unos acentos que me dibujó Frank Mysterio con luchadores mexicanos. Después de desayunar unos huevos con chilaquiles (ya sean las 4pm, seguimos llamándole desayuno) nos damos cuenta de que ya no hay tiempo que perder, Mau toca a las 7pm.

No hay tiempo que perder y ni siquiera ubicamos el lugar del festival. Pedimos a un taxista que nos guíe con su carro y nosotros le seguimos. Yo me imagino que en este momento sólo hay una respuesta que no es válida: “Sí, pero nomás ustedes me dicen por dónde, ¿no?”. Por un momento me la espero, pero finalmente no sucede. Tras unos segundos, acepta.

En un momento, el taxista, que se ha perdido, se detiene. Nosotros no: ¡Síganos, don! Carcajadas sin fin. Y en lo que nos reímos, llegamos. El taxi se detiene a nuestro lado. ¿Le pagamos, o le cobramos? “Son setenta”, nos dice. Mau le paga los cuarenta que marca su taxímetro y le agradece.

El autocinema Las Torres es un valdío que espera en la periferia, del otro lado de un gran túnel, tras la primera línea de montañas habitadas de Monterrey y bajo las faldas de la segunda, que aún son verdes, solamente desvirgadas por tres antenas de telecomunicaciones. Como su nombre indica, junto al solar hay tres altas torres de construcción reciente.

Entramos con la camioneta y la estacionamos cerca del escenario. Canta –y de qué manera- Kria Brekkan (ex Múm), pero no hay mucho público. Lo bueno es que todas las bandas llevan un retraso de una hora. Así es que, por raro que parezca, tenemos tiempo para armar todo bien.

A eso de las 8pm, la batería de Lázaro irrumpe en el ambiente. Tras cinco minutos de ecos metálicos, se presenta en sociedad. No lo tiene fácil para jalar gente, pues antes hubo bandas de punk – entre las que se colaron los magníficos aullidos de noche cerrada de El Resplandor- y después siguen cuatro irresistibles gringas de tal palo (The Coathangers). Las melodías y delicados sonidos de LV requieren un extra de atención. Por si fuera poco, la organización ha reajustado horarios y reducido el tiempo del show. Pero tenemos otro as bajo la manga: hemos repartido por el público partes de Lázaro Valiente en forma de juguetes que hacen ruido. El secador de pelo pende de un cable que atraviesa el escenario. El público, unas doscientas o trescientas personas, no se impacienta por la progresiva puesta en marcha de la orquesta. Se huele alguna extravagancia. Cuando se produce la conexión, al sonido de Dinamo, LV y el público ya son uno y la amenaza de ser desenchufado antes de tiempo se voltea cual tortilla. LV pide a los juguetes del público que se sumen y que suenen todos a la vez. Y así, LV ya no está arriba, solo, sino abajo, a los lados, allá lejos, y detrás del escenario. La media hora escasa de show multiplica minutos a base de nuevos músicos aquí y allá. LV toco, simultáneamente, por varias horas. Y todo por unos pocos pesos gastados en el mercado de Sonora.

La noche dejó numerosos momentos interesantes. Lucharon contra el frío Quiero Club y tras ellos Los Planetas (también batallaron contra el pobre sonido y peores micros, convirtiendo los desgarros de la sonorización en armónicos mensajes, radio incluida, como si se tratara de la intercepción de un mensaje intergaláctico que recibían las antenas de la montaña). Fueron in crescendo y no defraudaron. Y para cerrar, ¡Acid Mother Temple! Perdonen, pero les voy a mandar a Youtube. Rock japonés progresivo a cargo de cuatro afables perros viejos de ojos rasgados que se habían pasado la tarde firmando discos entre tequilas en una mesita playera.

March 25, 2010
Hoy jueves, 2 shows en San Antonio, TX. ¡Por favor, reenvíen!

Pues sí, resulta que hoy LV tocará dos veces todos estos instrumentos. Pero el primer evento (6:30pm, $5, en esta antigua iglesia metodista) fue agendado a ultimísima hora y urge difundirlo. ¿Nos ayudan? El concierto de las 8:30pm, apenas a unas cuadras pasada la 35, es gratuito.

March 25, 2010
Jueves, 18/03. Unplugged

Hemos sacrificado un jueves, pero era necesario. Ha sido uno de esos días en que cuando llega la noche uno se da cuenta de que no ha hecho nada. Pero así tenía que ser para no explotar.

Hoy no había tocada, ni había que viajar. Claudia nos ha dejado la llave cuando se ha ido a trabajar. (O generamos mucha confianza o es que en Texas son todos geniales.) Así las cosas, pintaba un día para recuperar todo lo perdido: horas de sueño, de blog y de correos electrónicos. Hemos desayunado a eso de las 3pm y cenado al filo de las 11pm. El primero en un Denny’s; después, en un Wendy’s. Comida sabrosa, barata y para gordos. La ensalada y el jugo, lo más caro. Y es que por un puñado de dólares no se puede comer sano.

Entre las visitas a Denny y a Wendy nos hemos pasado las horas completas en Congress Street, una amplia avenida con muchos bares y parques que desemboca en el centro de la ciudad. Los negocios siguen terminando en ‘s, no falla, pero hoy en Congress se respiran otros tiempos. Se ven cuarentones barbudos con pañoletas en la frente y también vestidos largos de flores estampadas y melenas lacias. Congress aglutina gran parte del programa del SXSW y uno sabe que de alguna manera lo está viviendo, aunque sea pegado a una pantalla. El sonido de guitarras pesadas, que viene de varios puntos, desplaza cualquier otra competencia. En SXSW no sólo los shows se solapan en horario, sino también en el lugar que ocupan. Hay bandas por doquier, las aceras están en plena ebullición.

Elegimos una terraza. Habilitados por cuatro cafés, navegamos en nuestras computadoras en medio de un trasiego de fotógrafos, meseros y paseantes. Ahora tememos las bandejas de entrada que hace días aún abríamos con ansias. Hay que resignarse, hay que contestar. Sumidos en nuestra burbuja debemos de tener una pinta un poco extraña. Al menos, así lo piensa un borracho. “You all are so geeky…” Y, aunque nunca lo he creído, hoy no lo niego. Cuatro personas en una mesa pequeña tienen cuatro computadoras, dos cámaras réflex y una de vídeo; los celulares mexicanos, gringos y nexteles no dejan de comunicar. Hasta ayer, yo venía sin compu. Había esperado a pasar la frontera para comprarme la más barata. Mi nueva netbook -así les llaman a las pc tamaño viaje- es bonita y lenta. Juan, al mismo tiempo, compró para su docu una camarita de video barata que graba maravillosamente. Durante la tarde, contactamos a medios, a bares y galerías de arte, a couchsurfers para esta noche e, incluso, tenemos tiempo para la nostalgia. Quién nos mandara chatear.

Anochece. Los conciertos cesan, nuestras tareas no acaban, van a cerrar. No he mirado el reloj desde el desayuno. De pronto, nos damos cuenta de que no tenemos dónde dormir. No sin pena terminamos por llamar a Claudia, que vuelve a salvarnos. Es genial.

March 25, 2010
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Interludio entre Laredo y Austin

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